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miércoles, 27 de febrero de 2013

Frente al espejo.

Frente al espejo.



Cada mañana, mientras se lavaba los dientes frente al espejo, alzaba la mirada para encontrarse con una persona que no lograba reconocer. Aquel que tenía enfrente no era él, sino una copia mal hecha de su propio yo. Un sentimiento de profunda desidia le había robado el fuego de sus ojos. Como dos cuencas, vacías y sin brillo alguno, que le devolvían una mirada que proyectaba un inmenso cansancio. 

Era un ser agotado, de luchar, de gerrear contra su propio yo. Un yo odioso, que le invitaba a abandonar, a dejarse ir... Un yo derrotado que no había entendido aún que la vida es una constante batalla por aquello en lo que crees, por aquello en lo deseas convertirte.

Frente al espejo, se prometió así mismo que nunca volvería a escuchar a ese yo, cobarde y pesimista, derrotado y sumiso ante cualquier situación. 

Ese yo, estaba destinado al fracaso, al desconsuelo y a la destrucción. Así que pulsó el botón de su cámara en un acto instintivo de pura supervivencia, como para dejar claro quién era su verdadero yo. Al mismo tiempo se prometió que nunca dejaría de pulsar ese botón, pues la misma acción de hacerlo significaba la esperanza, el progreso, la consumación de convertirse en aquello que era en realidad. 

Fin.

jueves, 7 de febrero de 2013

Lights in Barcelona

LIGHTS 1
LIGHTS 2
LIGHTS 3


LIGHTS 4

LIGHTS 5
LIGHTS 6



El fondo de su ser él siempre la buscaría. Quería encontrarla a cualquier precio. A ella, solo a ella. Tan bella, tan cálida y etérea como dura y fría. Por mucho tiempo que transcurriese, nunca se resignaría. No podía. Su fuero interno le obligaba a aferrarse a la convicción de que costara lo que costara la encontraría, dado que toda su vida y existencia carecían de sentido sin su presencia. 

Sin ella, en su mundo solo había oscuridad y vacío. Sin ella no existía el color, los objetos, los animales, incluso él carecía de forma. Su propio mundo se desvanecía antes sus ojos. Solo había penumbra. Una tan dura y opaca que le hacía languidecer el corazón y aflorar todos sus miedos y frustraciones. Sin ella su vida se volvía inconclusa.

Debía tener fe, esa fe en encontrarla como la misma que tiene un animal sediento que vaga por la llanura buscando una fuente de agua, sin más fuerzas que el del propio impulso por sobrevivir. Del mismo modo él debía perseverar en su búsqueda con la esperanza de que llegaría el ansiado día en que ella aparecería en algún rincón de su oscuro mundo para iluminar su ser con un cálido abrazo.  

Fin.



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